¿Quién está matando a la Agilidad?

Creo que a estas alturas, en estas fechas, no debe haber nadie del sector ajeno al linchamiento moral que sufre la, llamemos, gestión Ágil. Con mayor o menor justificación, tendremos que hacer retrospectiva sobre ello.

Pero, para ser sensatos, debemos ser conscientes de que llevamos, al menos, desde el 2007, 14 años ya, matando a la Agilidad, bastante bien lo ha aguantado.

Yo ya te empecé ha hablar de esa muerte agónica, lenta y de larga duración en 2016, mencionando que los primeros gritos de muerte venían del 2007, y te dejé, hace poco, un post con un repaso histórico de todas esas muertes y resurrecciones

Pero cierto es que hoy se habla más fuerte (hay más famosos hablando de ello) de dicha muerte para algunos, descrédito, desilusión, desencanto, o, simplemente… evolución. Y de ahí esa búsqueda desesperada de una nueva Agilidad, un nuevo nombre que genere una tendencia diferenciadora como en su momento fue la Agilidad, un nuevo refugio para rebeldes Ágiles.

Este post viene inspirado por el Mr. NoBody de hace unas semanas, que al final de una larga reunión me preguntó: tú que llevas tanto en esto (joder 20 años, que duro ha sido escribirlo, como conté conté en este post), que has visto de todo… ¿qué está matando la Agilidad?

Vamos con los principales culpables, y si me dejo alguno, ponlo en los comentarios del post… 

La masificación implica la perdida de valores y esencia

La primera causa es en si innata a cualquier cosa que guste o funciones (o, al menos, que mejore lo existente)… su uso se masifica y la masificación conlleva la perdida de esencia y que predomine el mal uso.

Esto ya lo contaba la curva de Rogers, que habla de cómo se difunde un producto, una tecnología, las fases, desde los innovadores, que son pocos, los «early adopters», que ya son más, y así, sucesivamente. Hasta llegar al desuso. 

Hace unos años te dejé el post de fases en la historia de la evolución de la Agilidad donde me aventuré a ponerle fecha a las diferentes fases (te dejo abajo la la figura de la curva aplicada a la Agilidad). 

La ambigüedad de la palabra Ágil

La masificación que comentaba antes tiene especial efecto dañino en la Agilidad, dado lo tan interpretable que es la palabra Ágil, que se da a decenas de interpretaciones, muchas bastante diferentes, bajo una única palabra. 

A este tema ya le dediqué un post, las diferentes «Agilidades» que hoy te puedes encontrar, y por ello, muchos de vosotr@s veis empresas que no tienen nada de Ágil llamándose Ágiles, conferencias de «Agilidad» hablando de una, para nosotros/vosotros dudosa Agilidad. 

Dada la ambigüedad de la palabra (que a su vez le da potencia para interpretarse en diferentes ámbitos) cada uno se la aplica como quiere y todos hablamos de… «Ágil».

Esto genera la relación… sitio que no tiene mucha pinta de ser Ágil y es más viejn Agilidad Oscura o Lado Oscuro directamente -> pero que se auto-denomina Ágil -> sitio con el que no te quieres identificar -> ya no te gusta la palabra Ágil.

El efecto bala de plata no perdona ni a la Agilidad

Me llama la atención como mucha gente, en 2021, se sorprende, con frases del estilo «es que la agilidad no va a resolver todos los problemas» «es que hay quien piensa que va a resolver todo».

Hace más de 45 años que Brooks le puso nombre a este efecto: el síndrome de la bala de plata (te dejo post donde los explico en 2013 y YO ME LEERÍA ESTE TAMBIÉN para entenderlo). Resumidamente, creer que hemos descubierto algo que va a solucionar todos los problemas (y darnos la leche luego).

Y ese efecto lleva años repitiéndose, con tecnologías y con modelos de gestión. Pasó con UML, RUP, viejas metodologías, la gestión de proyectos clásica, los CASE y otras decenas de prácticas.

El negocio sin escrúpulos y los CVs floripondeados de acrónimos del Linkedin

Y aquí, para no darle más vueltas, el caso más obsceno es el de las certificaciones, las hay regaladas, cutres, múltiples, oscuras, sin sentido, etc. Y, también, algunas menos sucias, cierto.

Llevo años diciéndolo: certificaciones sí, pero como reconocimiento a haber estado en una formación, no como sinónimo de saber. 

Ya lo comenté en Instagram el viernes (en la sección que hago de preguntas sobre Agilidad), mas que la certificación. mirar el curso y el formador.

Y, ojo, gran parte del problema son bajísimos procesos de selección y captación de perfiles Ágiles, que valoran certificaciones sin sentido, al bulto, por cantidad, quizá por su incapacidad de hacer un proceso de selección que filtre por conocimiento y que han generado un panorama de miles de CVs horteras en Linkedin, floripondeados de acrónimos raros y con nula personalidad.

Confundir evolución con obsolescencia

Otra causa, de la que hemos hablado mucho, es la de no ser conscientes de que, como todo, aunque muy lentos, los modelos de gestión, sus prácticas, etc., y la gestión Ágil igualmente… evolucionan.

Te hablé de ello en la Agilidad también evoluciona y en Agilidad viejuna

Entonces es muy frecuente hoy ver convivir múltiples Agilidades, esta vez, por antigüedad, gente que se quedó en el punto historia (porque habrá leído cosas antiguas o no evolucionó), en la interpretación antigua del Scrum Master, en la interpretación antigua (y peligrosa) de la auto-organización, etc.

Lo anterior genera caos, ruido y seguir usando malas prácticas, o prácticas menos buenas, y, de nuevo, mala fama al mundo Ágil.

La ignorancia

Por supuesto, cómo no, tengo que acabar con la ignorancia. Véase, gente que habla de Agilidad y no sabe que existe el manifiesto Ágil (y sabéis que esto pasa). 

La ignorancia se manifiesta de muchas maneras, algunas más sofisticadas.

Por ejemplo, recientemente leo un post de una empresa famosa que critica lo poco flexible que es la aplicación de prácticas ágiles, el tener que seguir 👉metodologías👈 como Scrum, sus roles, etc., para, concluir, como gran aportación al mundo Ágil, con la creación del Shu-Ha-Ri de toda la vida con otro nombre (post de Shu-Ha-Ri de 2017).

Normal que si no conoces el, por ejemplo, Shu-Ha-Ri, te falten piezas en todo esto, te las re-inventes y le eches la culpa al mundo Ágil.

Y ese es solo un ejemplo.

Una nueva esperanza…

Siempre (o tendría que cambiar mucho la tecnología y no va a ser a corto plazo) vamos a necesitar maneras de gestionar.

Serán más pesadas, menos, adaptativas, predictivas, serán metodologías, frameworks, ligeras, pesadas, adaptadas, se llamarán A, B o X, las hará el rol ACME, o los que desarrollan, o un grupete, etc., pero siempre hemos necesitado y necesitaremos maneras de gestionar.

Y para entender, aquí, por GESTIÓN, estoy hablando de:

  • «QUÉ hay que hacer (y en qué orden)»,
  • «CUÁNTO podemos hacer» (estimar), y
  • «CÓMO VAMOS, si vamos con retraso o no».

Luego, a lo anterior, le podemos poner más parafernalia y aderezo, y contarlo en 500 pdfs, pero, en cualquier caso, independientemente del enfoque, esto va de responder a esas preguntas y eso es algo INEVITABLE.

Gestionar (en los términos QUÉ, CUÁNTO y CÓMO VAMOS) es inevitable porque es negocio en sí y va con la supervivencia (o diferenciación) del mismo. Las maneras de hacerlo han cambiado y evolucionado.

La Agilidad es una más, que ha sustituido a otras que antes lo hicieron, con otro enfoque, con mayor o menor éxito o en tiempos diferentes donde las cosas eran de otra manera. 

Probabvlemente estemos asistiendo a una evolución más, como tantas otras, de la que probablemente salga una evolucionada manera de GESTIONAR. Porque gestionar con Ágil o no, con este Ágil u otro, hay que hacerlo.

La tecnología, la programación, la manera de crear el producto que hagáis (independientemente de si es o no software) es ESENCIAL, pero la gestión es INEVITABLE guste o no.

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Fuente: Javier Garzás (¿Quién está matando a la Agilidad?).