Matar a un ruiseñor … y su creatividad

En un momento destacado de la obra de Harper Lee Matar a un ruiseñor (o de la película, que sobre gustos no hay nada escrito), la niña protagonista de la historia le recuerda a su padre un consejo que él mismo le había dado: matar ruiseñores, que solo cantan y no hacen daño, es un acto malvado. El problema es que algunos ruiseñores pueden dar mucho dinero y, aún así, algunos insisten en matarlos, como ha sucedido con el contrato abusivo de Bebe.

La Justicia, esta vez con mayúsculas, ha liberado de un contrato abusivo de Bebe. Algún lince de la editora, Trovador Ediciones, debió de pensar que la creatividad y el éxito se pueden plasmar en un contrato. Imagino que en el difícil mundo de la música, la gente es capaz de vender su alma al diablo para firmar el primer contrato.

Y eso debían, y sospecho que deben, saberlo en Trovador Ediciones. La cantante firmó en 2003 un contrato que incluía una clausula que le exigía grabar cinco álbumes en un plazo de diez años, y además «presentar y entregar en exclusiva al editor todas las obras de su autoría compuestas durante ese plazo«. Diez años para esto último es una barbaridad.

No entro en posibles cuestiones de resentimiento de Trovador por el hecho de que Bebe cambiara de discográfica (pasó a estar con Warner en 2016), ni en el cómo. El caso es que denunciaron a la cantante, reclamando los dos discos que faltaban en el contrato leonino que firmó en su día. Y cuando uno podía pensar aquello de que firmó un contrato, así que ajo y agua, la justicia le da la razón a Bebe.

Supongo que el éxito en el mundo de la música puede venir por muchos caminos, como el de la promoción y el marketing al extremo. Cantantes o grupos que sean una m***** pero que hayan logrado el éxito los hay, y no son pocos. Pero la base de éxito de cantantes como Bebe es la creatividad musical.

Querer imponer el éxito y la creatividad a largo plazo y vía contrato es un error mayúsculo. Ya no es ni el dilema del palo y la zanahoria, de la motivación intrínseca o extrínseca, de lo que ya hablé en este otro post sobre si es beneficioso o no la retribución económica para promover la innovación. Querer adueñarte del alma del creador por tan largo plazo de tiempo, amparándote en las clausulas de un contrato … En fin.

Es lógico y normal que un contrato incluya un serie de objetivos a a alcanzar. Parece que esta vez se superó esa línea y le vendió el alma a la discográfica, según se desprende de la sentencia sobre contrato abusivo de Bebe.

Os dejo con Malo, de Bebe, una estupenda canción contra la violencia machista. Sin ánimo de frivolizar con un problema tan grave como el machismo, el «Malo, malo, malo eres; No se daña quien se quiere, no ; Tonto, tonto, tonto eres» de la letra también se lo podrían aplicar otros muchos. Como a directivos musicales.

Imagen de cabecera: Seth Werkheiser from Brooklyn, NY, USA [CC BY-SA 2.0]

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