Si yo hago esto, me echan de la empresa

Imagina que te dedicas a labores comerciales y de desarrollo de negocio en una empresa.

Imagina que un cliente importante de esa empresa hace una petición de oferta multimillonaria para un contrato. Un contrato que es estratégico para tu empresa y para el cual lleváis tiempo preparándoos, con una gran inversión económica y de medios.

Imagina que tú lideras el equipo de la oferta en tu recién estrenada empresa.

Imagina que en el proceso participan empresas para las que has trabajado con anterioridad, que ahora obviamente son tu competencia.

Imagina que finalmente a tu empresa no le adjudican el ansiado contrato, causando entre la dirección y los empleados la lógica consternación, habida cuenta del interés estratégico y la cuantía del contrato.

Y por último …

Imagina que tienes las narices (por no decir otra cosa) de plantarte delante de todo el  mundo y decir que no es para tanto. Que no crees que sea una situación nueva para la empresa. Que tú mismo ya les has privado de otros contratos similares cuando trabajabas para la competencia.

Con un par. De narices.

Os juro que no pienso hacer la prueba pero, si por algún motivo que ignoro se me cruzara un cable y actuara yo mimos así, en cualquier empresa medianamente seria me mandarían a la calle en el acto.

Pero, claro. Yo no soy Mourihno (¡ni falta que me hace!).

Porque Mourihno, entrenador del Manchester United,  sí tuvo las narices de hacer las siguientes declaraciones en rueda de prensa, tras quedar su equipo eliminado ante el Sevilla en octavos de final de la Champions League:

“Es una gran decepción. Pero no quiero hacer un drama, el fin de semana tenemos otro partido. Esto es fútbol, no es el fin del mundo. He estado en esta silla dos veces con el United eliminado. Con el Porto y el Real Madrid eliminé al Manchester United, así que creo que no es una situación nueva para el club“.

Me temo, señor mourihno, que no es sólo fútbol. Es un negocio que mueve muchísimo dinero, y muchísima pasiones. Pero por encima de dinero y pasiones está el respeto a quien te paga y a quienes te siguen en cada partido. La soberbia es una pésima consejera.

Últimamente encuentro más inspiración en la prensa deportiva que en muchos blogs y sitios de negocios. Equipos construidos a base de talonario, que no lo son. Supuestas estrellas que no son más que mercenarios engreídos  disponibles al mejor postor. Vestuarios regidos por señores feudales. Y un sinfín de situaciones, muchas de ellas con un hecho en común: la sabia y triste reflexión de Dilbert sobre cómo algunos consiguen triunfar en la empresa.

Fotografía de encabezado por Ronnie Macdonald en Flickr (https://flic.kr/p/L1zAB). Algunos derechos reservados.

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Fuente: El miracielos (Si yo hago esto, me echan de la empresa).