Cataluña: una magnífica ocasión para practicar la empatía

Se nos llena la boca con la palabra empatía. Empatía con nuestros compañeros, con nuestros jefes, con nuestros equipos. Negar las bondades de la empatía es una de las herejías de nuestro tiempo. Pues bien, la crisis independentista de Cataluña nos brinda una magnífica ocasión para pasar de las palabras, escritas o habladas, a los hechos.

Hay muchas personas que lo están pasando mal, muy mal. Ayer mandé un correo a un una persona a la que tengo en altísima estima personal y profesional, interesándome por saber qué tal estaba. Vi su correo de respuesta mientras subía en el ascensor, volviendo a casa comer. Sólo diré que se me atragantó la comida. Lo mismo sucede con otros amigos y compañeros que viven en Cataluña, y con los que hablo estos días.

Empatizar no es sólo ponerte en  los zapatos del que piensa como tú. Empatizar es ponerte en los zapatos del otro. Punto.

El independentista, el nacionalista, el que vive en Cataluña, el que ya no y el que no la ha pisado en su vida. El estudiante, el trabajador, el empresario. El autónomo y el director general de una empresa. Hasta con el político de cuyas palabras, de sus decisiones, dependen el futuro y las ilusiones de millones de personas. Repito, de un lado y del otro.

¿A qué cuesta menos decirlo que practicarlo?

 

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