Cómo enganchar a millones de personas en un mismo proyecto

¿Recuerdas esas palabras y caracteres retorcidos, tachados y distorsionados que hay que reconocer para registrarte en sitios como Google, Facebook o Twitter? Se llaman ‘captchas’. Seguramente pienses que son un pequeño incordio pero, si te sirve de consuelo, con ese pequeño esfuerzo estás ayudando a digitalizar libros enteros. Millones de personas realizando pequeñas tareas, colaborando a decodificar documentos que, de otra forma, sería simplemente imposible. Un claro exponente de lo que se conoce como ‘crowdsourcing’. No es el único ejemplo, pero sí uno de los más populares. Y, detrás de la historia del captcha, está el guatemalteco Luis von Ahn.

Puedes leer la historia del captcha  completa en mi artículo mensual del suplemento Tercer Milenio, de Heraldo de Aragón, en este enlace. La historia es apasionante y relata los orígenes del crowdsourcing.

Tal y como se relata en el artículo, los orígenes del captcha hay que buscarlos en 1997 con Altavista. Se creó una barrera para que usuarios malintencionados no falsearan los resultados de búsqueda. Luis von Ahn y su grupo de investigadores de Carnegie Mellon mejora años más tarde (2000) el método para el correo electrónico de Yahoo!

historia del captcha

Pero von Ahn le da una vuelta de tuerca más. Resulta que los humanos somos mejores que las máquinas interpretando esos textos distorsionados. Si en vez de usar textos generados al azar usamos imágenes escaneadas de documentos antiguos, dañados, difícilmente legibles por una máquina, y distribuimos trocitos (palabras) de esos textos entre los millones de personas que usan los captchas, conseguiremos entre todos digitalizar prácticamente cualquier documento. Nace el recaptcha, que terminará comprando Google en 2009.

La historia no termina ahí. Luis von Ahn se plantea el mismo reto (cientos de millones de personas colaborando para resolver un problema  dado) a la traducción de Internet a los idiomas más importantes. A fecha de hoy, los humanos todavía traducimos mejor que las máquinas. Para eso es necesario que haya una motivación y un número suficientemente alto de personas bilingües en esos idiomas, o con un grado de bilingüismo elevado. Luis von Ahn propone en 2011 la plataforma Duolingo, con la que, por un lado, enseña idiomas y, por otro, aprovecha las traducciones que realizan sus usuarios más avanzados.

La historia completa y las lecciones que se pueden sacar de ello, en el mencionado artículo.

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Fuente: El miracielos (Cómo enganchar a millones de personas en un mismo proyecto).